Optimista o Pesimista

A la pregunta del por qué existe tal cantidad de personas pesimistas, existe muchas veces una opinión un tanto generalizada al respecto, pues es la línea entre ser una persona optimista o pesimista.


En muchas ocasiones viene determinada por las experiencias vividas, o más bien sufridas en la vida. Las personas somos optimistas de nacimiento, nacemos siendo optimistas, ¿o acaso existe algún niño pequeño infeliz y que vea el lado negativo de las cosas? Imposible, no existe, hasta el niño más desgraciado en el mundo es más optimista que muchos adultos de hoy día.

Son las experiencias del día a día las que nos vuelven personas pesimistas, frías y cada vez más calculadoras. Cuando comienzas a sentir, vivir, experimentar… intentas ver el lado bueno de todo, siempre esperas lo mejor y siempre tienes esperanza. 

Esa es la palabra, “ESPERANZA”, cuando una persona se vuelve pesimista, la mayoría de las veces es que ha perdido la esperanza, pero ¿a qué? La esperanza a esperar, a sentirse correspondido, a poder volar más alto, a seguir luchando, a lo bueno, a lo feliz, a lo positivo… pero resulta que la experiencia, la vida, a muchas de esas personas les ha pasado factura, por su vida han pasado personas que les han hecho sufrir, que les han demostrado que es mejor no esperar nada de nadie, ni tampoco de nada, porque todo lo que pueda salir mal, saldrá. Porque cuanto más fuerza pone una persona en algo, más le acaba doliendo… y así continuamente. Por lo que cuando le han destrozado tanto, cuando se han caído infinidad de veces y han visto que la vida no es tan bonita ni tan sencilla como algunas veces parecía serlo, prefieren ser pesimista, esperar lo peor de todos, de todo, para que así, si algo sale bien puedan llevarse alguna alegría y no sólo tristezas y decepciones.



Pero si sólo esperamos lo peor, es muy posible que atraigamos lo peor, que nos rodeemos de eso mismo y que entremos en un círculo en el que sea muy difícil salir. 

Esto no quiere decir que siempre tengamos que ser optimistas, ni mucho menos, aunque tampoco tenemos por qué ser siempre pesimistas. 

La clave es encontrar un equilibrio y saber que siempre nos pasarán cosas buenas y malas. Que existen las tormentas, las tempestades, pero que también podemos encontrar la calma.

DEAR SERENA…

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